sábado, 29 de noviembre de 2025

La increíble historia de Zoom: cómo un sueño rechazado ocho veces terminó conectando al mundo

Hay historias tecnológicas que empiezan con un algoritmo, un garaje o una chispa de genialidad. Pero hay otras —mucho más humanas— que comienzan con un no. Y este es justamente uno de esos relatos.

Quizás hoy te parezca normal hacer videollamadas con un clic, entrar a clases virtuales o hablar con alguien que está a miles de kilómetros sin esfuerzo. Pero lo que pocos saben es que, detrás de esa simplicidad, hubo un fundador que recibió más puertas cerradas que oportunidades… hasta que el mundo entero necesitó exactamente lo que él había imaginado décadas antes.

La increíble historia de Zoom: cómo un sueño rechazado ocho veces terminó conectando al mundo

Los orígenes de Eric Yuan: un sueño nacido desde la distancia

Eric Yuan nació en Taian, una ciudad minera de China. Desde muy joven, tenía una preocupación que no sonaba nada tecnológica: la distancia.

Su novia —hoy su esposa— vivía a gran distancia, y solo podían verse dos veces al año. Aquella sensación de lejanía marcó su vida. Sin saberlo, allí empezaba el germen de una idea que cambiaría la manera en que nos comunicamos.

Mientras estudiaba matemáticas e informática, Yuan soñaba con viajar a Silicon Valley. No buscaba fama ni dinero: quería estar cerca de la innovación y crear tecnología que acercara a las personas. Pero había un obstáculo enorme: la visa.

Ocho rechazos y un no que parecía definitivo

Cuando pidió permiso para viajar a Estados Unidos, las autoridades le dijeron que no… una vez. Luego otra. Y otra.

Ocho veces en total.

Cualquier persona habría renunciado. Pero Yuan decidió convertir esos rechazos en combustible. Aprendió inglés, mejoró sus habilidades como ingeniero y volvió a intentarlo. Y en el noveno intento, finalmente, se la aprobaron.

Ese fue el primer milagro de su historia.

De WebEx a Cisco: el ingeniero que veía lo que otros no querían ver

Al llegar a Estados Unidos, Yuan entró a trabajar como ingeniero en WebEx, una de las primeras plataformas de videoconferencias del mundo. Con el tiempo, la empresa fue adquirida por Cisco y él pasó a formar parte de su equipo.

Pero a pesar de estar dentro de una gigante tecnológica, algo no lo dejaba en paz:

las reuniones virtuales eran torpes, lentas, se cortaban y no eran disfrutables para los usuarios.

Yuan proponía mejoras, nuevas ideas, rediseños completos. Pero la respuesta era siempre la misma: “No es prioridad.”

Otra vez, un no.

Renunciar para empezar desde cero: un riesgo que nadie quería tomar

Después de intentar convencer sin éxito a los ejecutivos, tomó una decisión radical: renunció y decidió construir su propia plataforma. Casi nadie creyó que fuera buena idea. El mercado de videollamadas parecía lleno y sin espacio para un competidor más.

Pero 40 ingenieros decidieron acompañarlo. Renunciaron a sus trabajos, apostaron por él y se lanzaron a crear algo completamente nuevo: una experiencia de videollamadas rápida, estable y sencilla.

Así nació Zoom Video Communications.

Zoom antes de la pandemia: una pequeña startup ignorada por los grandes

Al principio, Zoom no era el gigante que conocemos hoy.

De hecho, muchas personas pensaban que sería otra app más que desaparecería en un par de años. Los inversores lo rechazaban, argumentando que Skype, Hangouts y WebEx ya dominaban ese mercado.

Pero Yuan insistió. Hablaba directamente con los usuarios, pedía feedback, corregía errores a diario y buscaba una experiencia tan fluida que cualquiera —niños, abuelos, oficinas, escuelas— pudiera usarla sin complicaciones técnicas.

Su obsesión siempre fue la misma:

“Quiero que las personas se sientan más cerca.”

2020: el año en que el mundo se detuvo… y Zoom se volvió indispensable

Y entonces llegó el 2020.

Las ciudades se vaciaron, las oficinas cerraron, las escuelas suspendieron clases presenciales y millones de personas quedaron separadas de sus seres queridos.

Allí, en medio del caos, Zoom se transformó en una herramienta esencial.

Fue el puente que permitió que:

profesores siguieran dando clases,

familias se reunieran virtualmente,

médicos atendieran a distancia,

empresas continuaran funcionando,

amigos celebraran cumpleaños desde países diferentes.

Lo que comenzó como un proyecto impulsado por la nostalgia de un joven enamorado terminó siendo la plataforma que sostuvo la comunicación global durante la mayor crisis sanitaria del siglo XXI.

Zoom no solo creció… se convirtió en símbolo de resiliencia tecnológica.

El legado: más que una aplicación, una filosofía

Eric Yuan no creó Zoom buscando fama. Quería resolver un problema humano. Y lo logró a pesar de los rechazos, las dudas y la falta de inversión inicial.

Su historia nos recuerda algo simple pero poderoso:

Que te digan que no no significa que no valgas.

A veces, lo que separa un sueño de un cambio global es simplemente la capacidad de insistir un poco más que los demás.

Zoom seguirá evolucionando, pero su origen —nacido del amor, la distancia y la perseverancia— será siempre uno de los relatos más inspiradores de la tecnología moderna.

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