domingo, 11 de octubre de 2026

Residuos electrónicos: qué hacer con los pequeños dispositivos que ya no usás

Un auricular roto, un adaptador que ya no sirve o ese cable que quedó en un cajón parecen objetos demasiado pequeños para plantear un problema. Sin embargo, su destino también forma parte de la conversación sobre los residuos electrónicos. El tamaño y el precio no dicen qué tratamiento necesita un aparato cuando termina su vida útil.

El 14 de octubre se celebra el Día Internacional de los Residuos Electrónicos, una iniciativa del WEEE Forum nacida en 2018. Su novena edición, en 2026, pone el foco en el Fast Tech: productos eléctricos y electrónicos pequeños y baratos, a menudo comprados por impulso. La propuesta ayuda a mirar de otra manera los dispositivos que usamos, olvidamos o descartamos.

Exposición de placas electrónicas y materiales separados para reciclaje en Science Square Tsukuba
Exposición sobre separación de residuos electrónicos en Science Square Tsukuba, Japón. Foto: Syced, 2024, CC0. Muestra un proceso especializado, no una tarea para realizar en casa.

Qué cuenta como residuo electrónico

En Uruguay, el Ministerio de Ambiente utiliza la sigla RAEE para los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Los AEE son equipos que necesitan corriente eléctrica o campos electromagnéticos para funcionar; la definición también contempla componentes y accesorios asociados a su funcionamiento. El aparato y su residuo son etapas diferentes: que algo sea electrónico no significa que haya que desecharlo.

Por eso conviene empezar con una pregunta concreta: ¿todavía cumple una función o llegó realmente al final de su uso? Un dispositivo que otra persona puede aprovechar no debería confundirse automáticamente con un objeto averiado. Tampoco alcanza con guardarlo indefinidamente y dar por resuelto su destino. Identificar qué tenemos es el primer paso para elegir una salida.

Por qué los gadgets pequeños merecen atención

La campaña de 2026 incluye auriculares, cables de carga, adaptadores USB, luces LED, pequeños ventiladores y juguetes electrónicos, entre otros ejemplos. El WEEE Forum llama la atención sobre una dificultad cotidiana: estos productos pueden pasar inadvertidos como residuos electrónicos y acabar mezclados con la basura común. Su llamada es reconocerlos y devolverlos mediante canales de recogida adecuados.

Pensá en dos objetos que ocupan casi el mismo espacio: una pieza de plástico sin electrónica y un pequeño dispositivo con batería. Una apariencia parecida no permite decidir que ambos tienen el mismo destino. La pregunta útil no es solamente cuánto pesan o cuánto costaron, sino qué son y dónde pueden recibirlos cuando ya no se usan.

Qué dicen las cifras, y de qué año son

El Global E-waste Monitor 2024, elaborado por UNITAR y la Unión Internacional de Telecomunicaciones, estimó que en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en el mundo. De esa masa, el 22,3 % quedó documentado como recogido y reciclado formalmente de forma ambientalmente adecuada. Son datos de 2022 publicados en 2024, no un recuento de lo que ocurre en 2026.

El informe también proyectó 82 millones de toneladas para 2030. Una proyección expresa una trayectoria esperada; no equivale a un resultado ya observado. Entre los problemas que identifica están el aumento del consumo, los ciclos de vida más cortos, las limitaciones para reparar y las carencias de infraestructura. Así, la responsabilidad no termina en la decisión individual de vaciar un cajón: también depende del diseño de los productos y de los sistemas que reciben sus residuos.

Reparar, reutilizar o entregar: cómo ordenar la decisión

Una manera práctica de revisar tus dispositivos es preparar una lista con el objeto, el motivo por el que dejaste de usarlo y la próxima consulta que necesitás hacer. No hace falta desarmarlos para completar ese primer inventario. La idea es reemplazar el montón de cosas pendientes por decisiones concretas.

Tres preguntas para cada aparato

  • ¿Funciona y tiene un uso posible? Si pensás ofrecerlo a alguien, describí su estado real y consultá si lo necesita. Donar no debería convertirse en pasarle a otra persona un problema que no conoce.
  • ¿Necesita una evaluación? Anotá el modelo y la falla para consultar a un servicio competente. En Uruguay, el portal de RAEE del Ministerio de Ambiente permite acceder a un mapa de reparadores registrados.
  • ¿Ya decidiste descartarlo? Identificá un canal que reciba ese tipo de aparato y confirmá las condiciones antes de trasladarlo. Una caja preparada sin un destino definido todavía es una tarea pendiente.

Para entender cómo cambia la planificación cuando se busca prolongar el uso de equipos, podés leer nuestro artículo sobre mantenimiento preventivo y correctivo. Allí el enfoque es industrial; aquí, la decisión empieza por los aparatos de todos los días.

Qué comprobar antes de entregar un dispositivo

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, EPA, recomienda considerar actualizaciones de hardware o software antes de reemplazar una computadora, eliminar la información personal antes de entregar equipos y consultar las opciones de reciclaje de la comunidad. También advierte que las baterías de ion de litio y los aparatos que las contienen no deben ir a la basura doméstica ni al contenedor de reciclaje común.

Esto no convierte las opciones estadounidenses en puntos de entrega para Uruguay ni significa que cualquier receptor acepte cualquier aparato. Consultá qué equipos admite el servicio, cómo deben llevarse y qué indica respecto de las baterías. Si están integradas, no improvises su extracción: pedí instrucciones al fabricante o al receptor. En equipos con datos, seguí las indicaciones del fabricante para preparar su entrega y conservar primero lo que necesitás.

El 14 de octubre puede servir como fecha para completar una tarea pequeña pero concreta: identificar los dispositivos pendientes, elegir qué consulta corresponde y fijar su próximo paso. La medida útil no es cuántos objetos desaparecieron del cajón, sino si cada uno encontró un destino adecuado.

Margaret Hamilton: el legado del software que ayudó a llegar a la Luna

Durante el descenso de Apolo 11, una alarma del computador de a bordo podía poner en duda la continuación del alunizaje. El valor del software se volvió visible en ese momento: detectar un problema y conservar las funciones necesarias para seguir. La historia de Margaret Hamilton permite entender por qué preparar una respuesta ante lo inesperado formaba parte del viaje a la Luna mucho antes del lanzamiento.

MIT informó el 7 de octubre de 2026 que Hamilton falleció el 30 de septiembre, a los 90 años. La noticia invita a recordar a la científica y al equipo que dirigió en el desarrollo del software de vuelo de Apolo. Su legado reúne programación, liderazgo y una pregunta que sigue siendo útil: ¿qué debe hacer un sistema cuando no puede atender todo a la vez?

Margaret Hamilton recibe la Medalla Presidencial de la Libertad de Barack Obama en la Casa Blanca en 2016
Margaret Hamilton recibe la Medalla Presidencial de la Libertad el 22 de noviembre de 2016. Fotografía oficial: Lawrence Jackson, Casa Blanca.

Un camino que comenzó con las matemáticas

Hamilton nació en Indiana en 1936 y se graduó en matemáticas en Earlham College en 1958. Al año siguiente se trasladó a Boston y encontró un trabajo temporal en el área de meteorología del MIT, donde programó para la predicción del tiempo junto a Edward Lorenz. Más adelante trabajó en el proyecto de defensa aérea SAGE, en el Lincoln Laboratory, antes de incorporarse al esfuerzo de Apolo.

Ese recorrido ayuda a situar su carrera en una etapa de formación de la informática. Las tareas que se encomendaban a los programas podían ser muy diferentes, pero exigían convertir un problema en instrucciones y comprobar su comportamiento. Para Hamilton, el interés por la fiabilidad se volvió parte central de ese trabajo: producir una respuesta correcta también requería pensar en las condiciones que podían impedirla.

Apolo fue un trabajo de equipos

La ficha histórica de NASA sitúa a Hamilton al frente de la División de Ingeniería de Software del Laboratorio de Instrumentación del MIT. El laboratorio había obtenido en 1961 el contrato para desarrollar el sistema de guiado de Apolo. Su contribución pertenece a una colaboración amplia; reconocer su dirección y su trabajo técnico no exige atribuirle cada rutina ni cada decisión del programa espacial.

La célebre fotografía de 1969 en la que aparece junto a una pila de listados de código también necesita esa precisión. NASA explica que se tomó en el MIT para dar a conocer el trabajo del laboratorio y que mostraba software desarrollado por Hamilton y el equipo que dirigía, relacionado con los módulos lunar y de mando. La imagen vuelve tangible un esfuerzo que normalmente queda oculto dentro de una computadora.

Qué significaban las alarmas 1201 y 1202

Peter Adler, uno de los programadores del computador del módulo lunar, explicó el episodio en un testimonio conservado por el Apollo Lunar Surface Journal de NASA. Los códigos 1201 y 1202 señalaban que no estaban disponibles determinados recursos de memoria temporal necesarios para programar tareas. Durante el descenso, la carga adicional asociada al radar de encuentro llenó esos recursos y activó las alarmas.

La respuesta prevista iba más allá de ignorar información. El software reinicializaba el computador y retomaba programas seleccionados cerca del punto en el que estaban. Las funciones importantes, como el guiado del motor de descenso y la información presentada a la tripulación, podían continuar; no se reiniciaban todas las tareas del radar que habían generado la sobrecarga. Adler recuerda que esa capacidad había sido probada extensamente antes de la misión.

Priorizar para conservar lo esencial

Podemos imaginar la prioridad como una lista de trabajos con distinto grado de urgencia. Si todos reclaman atención al mismo tiempo, el orden importa. La comparación ayuda a entender el principio, aunque no reproduce los detalles del computador de Apolo. En aquel sistema, la recuperación y la selección de tareas eran mecanismos concretos, preparados y ensayados antes de que apareciera el problema.

La experiencia que Hamilton recordó después

En un relato publicado por MIT en 2009, Hamilton recordó que seguía las comunicaciones entre los astronautas y el control de misión desde una sala del laboratorio. Al aparecer las alarmas, el software estaba avisando de una dificultad y compensando sus efectos. La decisión de continuar llegó mientras quedaban pocos minutos para el alunizaje.

Su recuerdo destaca también los años de preparación, el compromiso y el respeto entre quienes participaron. Para ella, diseñar, desarrollar, ver funcionar el software y aprender de esa experiencia resultaba tan apasionante como los acontecimientos de la misión. Es una perspectiva valiosa: el momento espectacular dependía de un trabajo anterior que rara vez aparece completo en una fotografía o una retransmisión.

El reconocimiento y la carrera después de Apolo

NASA le concedió en 2003 el Exceptional Space Act Award. La agencia destacó conceptos como la programación de prioridades, las pruebas de extremo a extremo y la participación humana en las decisiones. El reconocimiento permitía hablar de su aporte con más precisión que la fórmula de una persona que, por sí sola, habría enviado a los astronautas a la Luna.

En 2016 recibió de Barack Obama la Medalla Presidencial de la Libertad. La comunicación de la Casa Blanca reconoció tanto el liderazgo del equipo de software de los módulos de Apolo como sus contribuciones a la ingeniería de sistemas fiables. Después de su etapa en el MIT, Hamilton fundó Higher Order Software en 1976 y Hamilton Technologies una década más tarde, continuando su trabajo en prevención de errores y diseño de sistemas.

Una lección sobre cómo contamos la tecnología

Recordar a Hamilton permite mirar el software como una parte activa de una misión, con decisiones de diseño, pruebas y personas responsables. Una alarma puede ser información útil; responder a ella exige entender qué ocurre y qué funciones deben conservarse. La fiabilidad se construye al preparar esas relaciones, no únicamente al celebrar que una demostración salga bien.

Para explorar otra pieza de la historia de las computadoras, podés leer nuestro artículo sobre John von Neumann y el programa almacenado. Allí la pregunta es cómo guardar instrucciones; aquí, cómo organizarlas y recuperar funciones ante una dificultad. Ambas historias ganan claridad cuando seguimos los problemas concretos y a los equipos que trabajaron para resolverlos.

El legado de Hamilton merece ese espacio: una trayectoria propia, un liderazgo reconocido y un esfuerzo colectivo que ayudó a hacer posible Apolo. Conocer cómo funcionaban sus respuestas ante los fallos permite apreciar mejor el logro que reducirlo a una anécdota heroica.

Imagen: Lawrence Jackson, fotografía oficial de la Casa Blanca de 2016, en dominio público como obra del gobierno federal de Estados Unidos. Sin modificaciones.

sábado, 10 de octubre de 2026

John von Neumann y el programa almacenado: una idea que cambió la computación

Una computadora puede hacer tareas muy distintas sin que tengas que reorganizar sus piezas para cada una. Esa flexibilidad resulta tan cotidiana que cuesta imaginar el trabajo necesario para convertirla en una posibilidad real. En esa historia aparece John von Neumann, asociado a una idea decisiva: almacenar las instrucciones de un programa en la memoria de la máquina.

Su nombre también circula en relatos que lo presentan como una mente casi sobrenatural. Pero entender su aporte no exige comparar su inteligencia con la de Einstein ni repetir frases sin una referencia comprobable. Podemos empezar por una pregunta mucho más concreta: ¿qué cambia cuando una máquina guarda los pasos que debe ejecutar?

Dos mujeres configurando conexiones de ENIAC, fotografía del Ejército estadounidense de 1946

Los datos y las instrucciones cumplen funciones diferentes

Imaginá una tarea sencilla: sumar cuatro y siete. Los dos números son datos. La indicación de sumarlos es una instrucción. El resultado, once, vuelve a ser un dato que podemos conservar o utilizar después. Aunque todo parezca parte de la misma operación, distinguir esos papeles ayuda a entender cómo se organiza un cálculo.

Ahora cambiemos la tarea. Queremos sumar varios números y, al terminar, comparar el total con una cantidad determinada. Ya no alcanza una sola operación: necesitamos una secuencia. Primero obtener los valores, después combinarlos, luego hacer la comparación y finalmente entregar una respuesta. A esa secuencia de instrucciones podemos llamarla programa, en este ejemplo simplificado.

Guardar únicamente los números deja pendiente una cuestión: ¿dónde están los pasos y cómo llegan a la máquina? El programa almacenado permite representar también esas instrucciones en la memoria. La diferencia no consiste en que el equipo comprenda nuestro objetivo como una persona. Consiste en que puede seguir instrucciones representadas de una manera que sus circuitos estén preparados para ejecutar.

Por qué cambiar un programa era un problema importante

El Computer History Museum explica que los creadores de ENIAC, J. Presper Eckert y John Mauchly, conocían las dificultades de preparar nuevas tareas mediante cambios en las conexiones. Von Neumann participó como consultor y redactó un informe sobre el diseño de una máquina posterior, EDVAC. El museo sitúa estos desarrollos en un intercambio de ideas entre investigadores, ingenieros y futuros constructores de computadoras.

Para pensar la diferencia, podemos usar una comparación doméstica. Una receta contiene los pasos; los ingredientes son los elementos sobre los que esos pasos actúan. Si cada receta exigiera reconstruir la cocina, cambiar de plato tendría un costo enorme. La comparación no describe los circuitos de una computadora, pero permite ver por qué separar la tarea de la disposición física del equipo abre posibilidades.

Con un programa almacenado, una nueva secuencia puede ocupar el lugar de la anterior sin que cada cambio de problema implique rehacer de la misma manera la configuración externa. Eso no elimina el trabajo de programar, comprobar resultados o preparar los datos. Cambia el lugar donde se expresa una parte fundamental de ese trabajo: las instrucciones pasan a formar parte de lo que la máquina puede guardar y leer.

Una organización que conecta memoria, cálculo y control

La historia del Electronic Computer Project del Institute for Advanced Study describe el trabajo de von Neumann en 1945 alrededor de una organización con memoria, cálculo, control y entrada y salida. El proyecto reunió a un equipo que incluía a Herman y Adele Goldstine, Arthur Burks y Julian Bigelow. Los informes circularon y permitieron que otras instituciones aprovecharan sus ideas y experiencias.

Podemos recorrer esas funciones sin convertirlas en un plano de una computadora actual. La entrada proporciona información. La memoria conserva datos e instrucciones. La parte de cálculo realiza operaciones. El control organiza qué debe ejecutarse y en qué orden. La salida permite obtener un resultado. Es una explicación conceptual: la forma material de resolver cada función pertenece a un diseño concreto.

En el ejemplo de la suma, disponer de los valores no sería suficiente si nadie indicara qué operación toca realizar. Tampoco serviría dar instrucciones sin conservar la información sobre la que trabajan. La utilidad de esta organización aparece en la relación entre sus partes. No hace falta atribuirle intención a la máquina para explicar que una secuencia ordenada produzca un resultado.

Lo que muestra la fotografía de ENIAC

La imagen incluida en esta entrada muestra a dos mujeres trabajando con conexiones de ENIAC. Es una fotografía oficial del Ejército estadounidense de 1946, conservada en los archivos de su biblioteca técnica y disponible como obra del gobierno federal de Estados Unidos en dominio público. El fotógrafo no está identificado en la ficha consultada. Documenta trabajo de configuración; no es un retrato de von Neumann ni una fotografía de la computadora del Institute for Advanced Study.

Mirarla con atención permite volver visible una parte de la historia que se pierde al narrarla solamente mediante nombres famosos. Hay paneles, cables y personas realizando una tarea. La fotografía por sí sola no explica cada conexión ni identifica el programa que se estaba preparando. Su valor está en mostrar que la computación también fue una práctica material, sostenida por trabajo humano.

Una publicación viral puede reunir una imagen impactante y una biografía llena de superlativos. Para evaluar ese conjunto conviene preguntar qué prueba cada elemento. Una fotografía acredita lo que muestra dentro de sus límites. Un documento histórico permite estudiar una propuesta. Las anécdotas sobre capacidades extraordinarias necesitan referencias propias; no quedan demostradas porque aparezcan junto a una máquina antigua.

Un aporte importante dentro de una historia colectiva

El nombre de von Neumann resulta útil para estudiar una organización de las computadoras y la circulación de sus ideas. Convertirlo en el único creador borra a quienes diseñaron equipos, prepararon programas, resolvieron problemas de memoria y transformaron propuestas en máquinas que funcionaban. Reconocer el aporte individual y seguir esas colaboraciones nos ofrece una historia más rica que una competencia entre genios.

También ayuda distinguir el equipo físico del programa que lo utiliza. En otra escala, la historia de Tetris y su origen muestra cómo unas reglas pueden convertirse en una experiencia reconocible a través de distintas pantallas. Aquí la pregunta está un paso antes: qué organización permite almacenar y ejecutar instrucciones para realizar una tarea.

La próxima vez que cambies de actividad en una computadora, podés detenerte en esa diferencia entre datos y pasos. Es una puerta de entrada más provechosa a esta historia que intentar medir una inteligencia legendaria. Nos permite apreciar una idea concreta, comprender el problema que buscaba resolver y recordar a las personas que hicieron posible llevarla a la práctica.

Tetris: quién lo creó y cómo un rompecabezas conquistó las pantallas

Antes de convertirse en un juego reconocido en todo el mundo, Tetris nació del interés de Alexey Pajitnov por los rompecabezas. Su historia reúne una computadora de los años ochenta, figuras geométricas y una regla que cambia por completo la experiencia: cuando una fila queda llena, desaparece. Lo que parece una tarea pequeña se transforma así en una sucesión de decisiones.

El origen del juego suele aparecer entre las curiosidades sobre Rusia. Conviene situarlo en su contexto: fue desarrollado en Moscú cuando la ciudad formaba parte de la Unión Soviética. Este artículo recorre ese comienzo y propone una lectura de su diseño, sin presentar una historia de décadas atrás como un lanzamiento nuevo.

Placa de procesador M2 de una Electronika 60M, fotografía de Sergei Frolov de 2008

Quién creó Tetris y dónde comenzó

La cronología oficial de Tetris sitúa su nacimiento en 1984 y señala que Pajitnov desarrolló la primera versión en una Electronika 60. Su biografía corporativa explica que trabajaba como programador en la Academia de Ciencias de Moscú y creó el juego en su tiempo libre. Son datos sobre una etapa concreta, anterior a su expansión internacional.

El punto de partida fue su afición por los pentominós, un rompecabezas de piezas formadas por cinco cuadrados. La adaptación electrónica utilizó figuras de cuatro cuadrados. La presentación oficial del juego describe siete formas distintas y explica que el nombre combina «tetra», por el número cuatro, con «tennis», uno de los deportes favoritos de su creador.

Ese cambio ofrece una buena pregunta para observar el diseño: ¿qué ocurre cuando un rompecabezas deja de esperar al jugador? En un tablero físico podemos detenernos, levantar una pieza y probar otro lugar. En Tetris, la caída introduce una restricción temporal. La tarea de encajar sigue siendo comprensible, pero la situación continúa cambiando mientras elegimos.

La regla que mantiene abierto el tablero

La mecánica básica consiste en mover y girar piezas para completar filas horizontales sin huecos. Las filas completas desaparecen. Si la acumulación alcanza el límite superior, la partida termina. Esta descripción permite entender el objetivo sin conocer una historia previa, memorizar personajes ni aprender un vocabulario extenso.

La desaparición de las filas es especialmente interesante. Colocar una pieza puede aumentar la altura de la pila, pero también puede eliminar una parte de ella. El mismo gesto produce consecuencias distintas según los huecos que dejamos y los espacios que completamos. El tablero es un registro visible de nuestras elecciones recientes.

Podemos analizar una situación imaginaria: dejamos una cavidad estrecha bajo una pieza que sobresale. Aunque arriba todavía haya sitio, ese hueco resulta difícil de aprovechar. Si repetimos el problema, reducimos nuestras opciones futuras. Esta observación no requiere atribuir al juego beneficios médicos; describe una relación entre la forma de las piezas y el espacio disponible.

También aparece una tensión entre resolver ahora y preparar después. Una colocación cómoda puede crear una superficie irregular; otra puede exigir más atención inmediata y dejar un terreno más fácil para la próxima pieza. Esa lectura ayuda a explicar por qué conocer las reglas y dominar una partida son cosas distintas. La dificultad está en las consecuencias acumuladas.

De las computadoras a la Game Boy

Según la cronología oficial, el juego fue adaptado al IBM PC en 1985 y llegó a computadoras de Norteamérica y Europa en 1987. La misma fuente sitúa en 1989 el encuentro entre Pajitnov y Henk Rogers y la obtención por parte de Rogers de los derechos para dispositivos portátiles, que después licenció a Nintendo.

El museo The Strong también destaca la inclusión de Tetris con la Game Boy en 1989 como un momento clave de su difusión. Aquí conviene distinguir la creación de la idea, la adaptación a diferentes equipos y los acuerdos que hicieron posible distribuirla. Cada etapa responde a una pregunta diferente sobre cómo llega un programa a sus jugadores.

La portabilidad cambia además el contexto de uso. Un juego que cabe en un dispositivo de mano puede acompañar momentos breves fuera de una mesa de trabajo. Como interpretación de diseño, la claridad de su objetivo encaja bien con esa posibilidad: mirar el tablero basta para reconocer el problema que debemos resolver, incluso sin una escena narrativa alrededor.

La relación entre una propuesta técnica y su desarrollo comercial aparece también en nuestra revisión de Jack Dorsey, Twitter y el nacimiento de Square. Son historias diferentes, pero ambas permiten separar la idea inicial, el trabajo posterior y las personas que participaron.

Por qué interesa como historia del diseño

The Strong incorporó Tetris al World Video Game Hall of Fame en 2015. Su ficha destaca unas reglas sencillas que generan muchas posibilidades de juego. El reconocimiento pertenece a ese año; mencionarlo hoy sirve para explicar su lugar en la historia del videojuego, sin convertirlo en una noticia reciente.

Una forma de estudiar esa sencillez consiste en observar qué información necesita el jugador. Debe reconocer una figura, calcular dónde puede entrar y anticipar la forma que dejará sobre la pila. Colores, sonido y efectos pueden cambiar entre versiones, mientras la relación entre pieza, hueco y fila sigue proporcionando una estructura fácil de identificar.

La fotografía de esta entrada muestra una placa de procesador M2 de una Electronika 60M, identificada así por su autor, Sergei Frolov. Fue tomada el 27 de octubre de 2008 y se utiliza sin modificaciones bajo licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0. Es un componente de esa familia de computadoras: no documenta la máquina concreta usada por Pajitnov ni una pantalla de la primera versión de Tetris.

Para acercarse a Tetris con otra mirada, alcanza con observar una partida y preguntarse cómo una decisión modifica las siguientes. Su origen ayuda a entender que una propuesta tecnológica puede encontrar fuerza en unas pocas reglas bien conectadas. La geometría pone las piezas; el diseño convierte su movimiento y su desaparición en un desafío que se renueva.

Jack Dorsey, Twitter y Square: qué pasó entre 2008 y 2015

La historia de Jack Dorsey suele contarse como una revancha: pierde su puesto en Twitter, crea otra empresa y vuelve triunfante. La cronología ofrece un relato más interesante para entender la tecnología. Entre 2008 y 2015 hubo cambios de funciones, colaboración entre fundadores, desarrollo de un producto de pagos y una decisión empresarial que también implicaba riesgos.

Mirar esos años desde el producto, además de los cargos, ayuda a separar dos preguntas. Una es cómo cambió la posición de Dorsey dentro de Twitter. Otra es qué problema buscó resolver Square y qué trabajo técnico hizo posible su propuesta. Ninguna necesita convertir a sus protagonistas en personajes de una fábula sobre enemigos y venganza.

Jack Dorsey junto a Barack Obama durante el Twitter Town Hall de 2011

Jack Dorsey, a la izquierda, junto a Barack Obama durante el Twitter Town Hall de la Casa Blanca, el 6 de julio de 2011. Foto oficial: Pete Souza.

2008: un cambio de cargo dentro de Twitter

El documento que Twitter presentó ante la SEC en octubre de 2015 recoge que Dorsey había sido presidente y director ejecutivo desde mayo de 2007 hasta octubre de 2008. Después pasó a presidir su consejo de administración. Dejó, por tanto, la dirección ejecutiva, mientras conservaba un papel en la organización.

Esta distinción importa porque fundar una empresa, dirigir sus operaciones y presidir su consejo son funciones diferentes. Confundirlas puede transformar un relevo en una supuesta desaparición completa de la compañía. Para explicar aquella etapa, la fecha del cambio y el cargo posterior resultan más útiles que atribuirle emociones o conversaciones privadas.

2009: un problema de cobro y dos cofundadores

Square comenzó su proyecto en febrero de 2009 y se constituyó como sociedad en junio de ese año. Su prospecto de 2015 identifica a Jim McKelvey como cofundador y a Dorsey como director ejecutivo. Las fechas distinguen el inicio del trabajo de la constitución de la empresa.

En la nota personal incluida en ese prospecto, Dorsey cuenta que McKelvey había tenido dificultades para aceptar una tarjeta al vender su arte. Según su relato, desarrollaron un prototipo de lector conectado al iPhone. La necesidad inicial era concreta: facilitar un cobro que un vendedor no podía realizar con los medios disponibles.

Presentarlo como el relato del fundador permite conservar la anécdota sin tratarla como prueba de sus motivaciones íntimas. También devuelve a McKelvey su lugar en la historia. Una empresa con dos cofundadores no se explica adecuadamente como la creación solitaria de una persona, por muy visible que sea su nombre.

El teléfono como herramienta para vender

La propuesta combinaba un objeto físico con software y un servicio de pagos. Para un comercio, el problema no terminaba en leer una tarjeta: esa lectura debía integrarse en una operación que pudiera procesarse. El interés tecnológico estaba en reunir esas piezas alrededor de un dispositivo móvil.

El comunicado de Square del 9 de diciembre de 2013 permite ver cómo evolucionó el lector. La compañía anunció una versión con cabezal magnético y resorte diseñados para el dispositivo, electrónica integrada en un chip y alimentación desde el teléfono. También describió cambios en el conector de audio y en los protocolos de comunicación.

Son características de aquella generación, no una descripción de todos los productos posteriores. Aquí sirven para observar que un prototipo requiere refinamiento: tamaño, alimentación, fiabilidad de lectura y comunicación forman parte del trabajo. La innovación no queda resumida en la idea inicial ni en la biografía del directivo.

2011: la continuidad de su vínculo con Twitter

El 6 de julio de 2011, Dorsey moderó el Twitter Town Hall de Barack Obama en la Casa Blanca. La ficha oficial de aquel encuentro lo identifica como cofundador y Executive Chairman de Twitter. Pete Souza realizó la fotografía en la que aparece a la izquierda, mientras Obama utiliza un portátil ante el público.

El episodio sitúa su actividad vinculada a Twitter entre el cambio de cargo de 2008 y el regreso como CEO de 2015. La imagen corresponde a esa función y a ese momento concreto. Su contexto histórico conserva valor por sí mismo, sin convertir el encuentro en una representación de la creación de Square.

2015: regreso y dirección simultánea

Dorsey volvió como CEO interino de Twitter en julio de 2015. El consejo acordó su nombramiento permanente el 30 de septiembre, y la comunicación presentada el 5 de octubre indicó que seguiría siendo CEO de Square. Distinguir la fecha de la decisión de la del anuncio evita presentar ambas como un único momento.

El doble cargo describe una situación de gestión documentada. No demuestra una exclusividad histórica ni permite afirmar que ninguna otra persona dirigió dos compañías. Su relevancia está en las responsabilidades que se concentraron y en las preguntas que eso abría para cada organización.

Una trayectoria compartida y los límites de gestión

El prospecto de Square advirtió que la dedicación de Dorsey a Twitter podía reducir el tiempo y la atención disponibles para Square. Esa observación aporta una pieza que suele desaparecer en los relatos celebratorios. La dirección simultánea era también una dependencia y un riesgo reconocido por la propia empresa.

Desde una lectura tecnológica, lo valioso de esta historia es seguir el recorrido de una necesidad hasta un producto y reconocer a quienes participaron. Desde la gestión, importa distinguir funciones y atención disponible. El éxito posterior de un proyecto no convierte automáticamente cada decisión anterior en una fórmula que otros puedan repetir.

Entre 2008 y 2015, cargos y productos avanzaron por caminos relacionados, pero distintos. Mantener esa separación permite entender a Dorsey, McKelvey y Square con más precisión, sin adjudicarles una historia de venganza que los documentos no demuestran.

El archivo de Historias de De Tecnología reúne otras trayectorias y episodios para seguir explorando cómo se desarrollan las ideas tecnológicas.

Para explorar otra historia de tecnología móvil, puedes leer nuestro artículo sobre el origen del nombre y símbolo de Bluetooth.

jueves, 8 de octubre de 2026

El récord de drones en Texas: qué significan los 71.207 lanzamientos

Más de 70.000 lanzamientos de drones, figuras luminosas gigantes y un dragón dibujado en el cielo: el espectáculo realizado en Blue Ridge, Texas, a finales de septiembre de 2026 dejó una cifra que llama la atención. Sky Elements y Damoda America alcanzaron un registro de 71.207 lanzamientos acumulados dentro de una semana.

La palabra «acumulados» es fundamental para entender la noticia. Esa cantidad reúne despegues de varias funciones, con recargas y nuevos vuelos de la flota entre presentaciones. El récord ofrece una buena oportunidad para mirar cómo se mide un espectáculo de drones y qué problemas debe resolver la tecnología para transformar miles de aeronaves en una imagen reconocible.

Infografía de los récords de drones en Texas: 71.207 lanzamientos acumulados y 10.183 drones formando un dragón; esquema de despegue, recarga y otro despegue.

Qué cuenta realmente el récord de Texas

Guinness World Records confirmó el récord de mayor número de multirrotores o drones lanzados en una semana. El registro anterior era de 55.939. La unidad que se suma es el lanzamiento: una aeronave puede participar nuevamente después de volver a tierra.

Sky Elements describió siete funciones en su comunicado del 2 de octubre, incluidas seis de unos 10.000 drones y otra de 11.000. Esas cifras resumidas por función no ofrecen por sí solas el desglose exacto de los 71.207 lanzamientos certificados.

El encuentro consiguió también otro título: la mayor representación aérea de una criatura mítica formada por drones. El dragón del 28 de septiembre utilizó 10.183 aeronaves y superó la marca previa de 2.247.

Son mediciones diferentes. El total semanal habla de actividad acumulada; la criatura mide cuántas aeronaves componían una figura concreta. Mantener esa distinción permite apreciar el logro sin convertir todas sus cifras en una única escena.

Cada punto de luz tiene que llegar a su lugar

Una manera sencilla de imaginar un espectáculo de drones es pensar en un dibujo cuyos puntos pueden desplazarse por el aire. Para que aparezca una figura, cada punto debe ocupar una posición. Para que la figura cambie, esos puntos necesitan recorrer caminos compatibles entre sí.

Una investigación de Yunes Alqudsi, publicada en arXiv en marzo de 2026, estudia precisamente dos cuestiones: cómo asignar aeronaves a los lugares de una formación y cómo generar trayectorias que eviten colisiones. El trabajo describe un método que aborda ambos problemas de manera conjunta y presenta resultados de simulación.

Este estudio sirve para entender el desafío general de las coreografías aéreas. Las fuentes consultadas sobre Texas no identifican ese método como parte del espectáculo, por lo que no corresponde atribuírselo.

Pensemos en una transición imaginaria de un círculo a una estrella. Mandar cada dron al punto que parece más próximo podría producir cruces incómodos entre recorridos. La planificación tiene que considerar el conjunto: quién va hacia dónde, por qué camino y en qué momento. Una imagen final puede ser muy atractiva y, aun así, exigir una transición difícil de organizar.

También importa cómo se percibe el movimiento. Si una zona cambia demasiado rápido y otra demasiado lento, el dibujo pierde claridad. La tarea combina geometría, tiempos y una intención visual: el público debe poder seguir lo que está apareciendo.

Un antecedente que ayuda a entender las luces

Los drones destinados al entretenimiento tienen una historia anterior a esta marca. Intel documentó una coreografía de 300 drones Shooting Star asociada al espectáculo de Lady Gaga en el Super Bowl de 2017.

La compañía explicaba que aquellas aeronaves estaban diseñadas para eventos y llevaban luces LED programables. Ese antecedente muestra cómo el vuelo y el color pueden formar parte de una misma composición. Sus características corresponden a los equipos de Intel de aquella época, no describen los aparatos utilizados en Texas.

Para el espectador, el efecto recuerda a una pantalla porque reconoce formas hechas de puntos luminosos. La diferencia física resulta interesante: los puntos de una pantalla permanecen en una superficie; en una coreografía aérea, las posiciones forman parte del movimiento.

El diseño debe decidir qué detalles conservar para que una figura sea legible. Añadir puntos puede permitir contornos más elaborados, pero la cantidad por sí sola no garantiza una escena clara. Una silueta sencilla, bien organizada, también puede transmitir una idea con fuerza.

El trabajo continúa cuando los drones aterrizan

Guinness destaca un detalle práctico del equipamiento de Damoda: los drones utilizan cajas o bandejas que facilitan su distribución, almacenamiento y recarga. Cada aeronave despega y vuelve a su caja.

Es un aspecto menos visible que el dragón, pero ayuda a entender la importancia del trabajo en tierra. En una actividad repetida, el aterrizaje forma parte de un ciclo que debe permitir preparar la siguiente salida.

Como ejemplo cotidiano, organizar cientos de objetos para volver a utilizarlos exige saber dónde están y en qué estado se encuentran. Con aeronaves, esa organización se incorpora a una operación mucho más exigente. La espectacularidad de la imagen depende también de tareas que el público apenas ve.

La seguridad forma parte de la coreografía

La FAA, autoridad de aviación estadounidense, identifica la operación de múltiples pequeños drones por un solo piloto remoto como una actividad que requiere una exención respecto de la regla correspondiente de Part 107.

Su guía pide describir los riesgos y las medidas para reducirlos. Entre las cuestiones que plantea están el área de vuelo, las características de las aeronaves, el personal y los medios para mantener la operación dentro de la zona prevista. Esta documentación explica el marco general; no permite afirmar qué autorización concreta tuvo el evento de Texas.

Mirar estas exigencias ayuda a comprender por qué un espectáculo aéreo necesita mucho más que un archivo con dibujos. Hay que considerar dónde se realizará, qué queda alrededor y cómo responder ante dificultades.

El vídeo que ve el público suele mostrar los minutos más vistosos. Para valorar la tecnología también conviene pensar en las decisiones previas: qué condiciones permiten realizar la función y cuáles obligarían a cambiarla o detenerla. El resultado artístico depende de una operación que pueda sostenerlo.

Precisión, matemáticas y una imagen que parece sencilla

La relación entre cálculo y ubicación aparece en muchas tecnologías. En De Tecnología contamos la historia de Gladys West y su contribución a las bases matemáticas del GPS moderno. Esa lectura ayuda a apreciar la importancia de representar posiciones con precisión, aunque no identifica el sistema de localización utilizado por los drones de Texas.

El récord invita a mirar dos escalas al mismo tiempo. Desde lejos aparece una criatura luminosa; desde la ingeniería hay posiciones, recorridos y una operación que debe repetirse. Ambos puntos de vista explican una parte del espectáculo.

Los 71.207 lanzamientos impresionan porque condensan una actividad enorme. Entender qué se contó les da un significado más concreto: muestran la capacidad de realizar sucesivas funciones y volver a preparar la flota. El dragón aporta otra medida, la de una composición aérea particular. Juntas, estas cifras cuentan una historia más interesante que un número aislado: la de convertir una organización compleja en algo que el público puede reconocer en unos segundos.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Cómo funciona WhatsApp por dentro: mensajes, cifrado, llamadas y servidores

Escribes “hola”, pulsas el botón de enviar y, casi al instante, aparece un tic gris. Poco después llega el segundo. Si la otra persona abre el chat, quizá los dos se vuelvan azules. Parece una acción sencilla, pero detrás trabajan el teléfono, varias claves de cifrado, la conexión a internet y la infraestructura de WhatsApp.

Lo más curioso es que el mensaje no suele viajar directamente de un móvil al otro. Pasa por servidores que ayudan a encontrar el dispositivo correcto y a entregarle la información. Aun así, en una conversación personal normal, esos servidores no deberían poder leer el contenido. ¿Cómo puede un sistema transportar algo sin saber qué dice? Esa es la pieza que permite entender cómo funciona WhatsApp por dentro.

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Qué es WhatsApp y qué necesita para funcionar

WhatsApp es una aplicación de mensajería que usa internet. Puede conectarse mediante Wi-Fi o datos móviles y permite enviar texto, fotos, vídeos, documentos y notas de voz, además de hacer llamadas y videollamadas.

Para que todo eso funcione hacen falta tres elementos:

  • La aplicación instalada en tus dispositivos.

  • Los servidores de WhatsApp, que localizan cuentas y encaminan los datos.

  • La aplicación de la persona que recibe el mensaje.

Esta estructura se conoce como arquitectura cliente-servidor. El “cliente” es la app del móvil, el ordenador o la tableta. El servidor es el sistema intermedio que coordina la comunicación. Eso no significa que WhatsApp guarde para siempre todo lo que escribes ni que pueda leer cada conversación. Transporte, almacenamiento y acceso al contenido son asuntos diferentes.

Cómo se envía un mensaje de WhatsApp paso a paso

Imagina que Ana quiere mandar a Luis el texto “Llego a las ocho”. El recorrido simplificado es este.

1. La aplicación prepara el mensaje

La app de Ana crea el mensaje y le asigna datos técnicos, como un identificador, el destinatario y el momento del envío. Antes de que el contenido abandone el dispositivo, WhatsApp lo cifra.

Cifrar significa transformar un texto comprensible en datos que parecen ruido. Para recuperar el mensaje hace falta una clave que está en los dispositivos autorizados. Una comparación sencilla sería meter una carta en una caja y cerrarla con un candado antes de entregársela al mensajero.

2. El móvil envía la copia cifrada

La caja cerrada viaja por internet hasta la infraestructura de WhatsApp. El sistema reconoce a qué cuenta y a qué dispositivos debe entregarla, pero el contenido continúa cifrado.

Aquí conviene romper un mito: el cifrado de extremo a extremo no significa que siempre exista una conexión directa entre los dos teléfonos. Significa que el contenido se cifra en un extremo y solo se descifra en el otro. Los servidores pueden transportar el paquete sin tener la llave para abrirlo.

3. El servidor intenta entregarlo

Si Luis tiene conexión, WhatsApp envía el paquete cifrado a sus dispositivos vinculados. Si está desconectado, el servicio puede conservar temporalmente el mensaje sin entregar, todavía cifrado. La política de privacidad de WhatsApp indica que estos mensajes se eliminan cuando son entregados y que, si no pueden entregarse, pueden permanecer en sus servidores hasta 30 días antes de ser borrados.

4. El dispositivo de Luis lo descifra

Cuando la copia llega a un dispositivo autorizado de Luis, ese dispositivo usa sus claves para convertir los datos de nuevo en “Llego a las ocho”. El mensaje se muestra en la conversación y queda guardado en los dispositivos según la configuración del usuario.

5. Llegan las confirmaciones

La aplicación devuelve pequeñas confirmaciones técnicas. Gracias a ellas, Ana puede saber en qué estado se encuentra el envío.

SímboloSignificado habitual
Un tic grisEl mensaje salió del dispositivo y llegó al servicio de WhatsApp.
Dos tics grisesFue entregado al dispositivo del destinatario o a uno de sus dispositivos vinculados.
Dos tics azulesFue leído, si las confirmaciones de lectura están activadas.

“Entregado” no quiere decir “leído”. Tampoco significa necesariamente que la persona tenga el móvil en la mano: el mensaje puede haber llegado a otro equipo vinculado.

Qué es el cifrado de extremo a extremo

WhatsApp usa el Protocolo Signal para proteger los mensajes y las llamadas personales. Cada dispositivo dispone de claves criptográficas. Algunas sirven para demostrar su identidad y otras se renuevan durante las conversaciones.

Cuando Ana escribe a Luis, su teléfono usa información criptográfica de los dispositivos de Luis para cerrar el mensaje. WhatsApp lleva la caja cerrada hasta ellos, pero las claves necesarias para abrirla permanecen en los extremos de la conversación.

El sistema también busca limitar el daño si una clave se viera comprometida. Las claves de las sesiones cambian con el tiempo, por lo que conocer una no debería permitir descifrar sin más todo el historial anterior y futuro.

Cada chat cuenta además con un código de seguridad. Los usuarios pueden compararlo desde la información del contacto, mediante un número o un código QR. No es obligatorio hacerlo para hablar, pero permite comprobar que la conversación está protegida con las claves esperadas, sobre todo si se trata de información delicada.

Entonces, ¿WhatsApp no sabe nada de una conversación?

El cifrado protege el contenido, no todos los datos que rodean a la comunicación. WhatsApp puede manejar información necesaria para operar el servicio: el número de teléfono, los dispositivos utilizados, direcciones IP, datos aproximados de ubicación derivados de la conexión, horarios de actividad o información sobre fallos y rendimiento.

Esto se conoce de forma general como metadatos. Es la diferencia entre leer una carta y observar el sobre. El cartero quizá no conozca el texto, pero necesita saber de dónde sale y a dónde va.

También existen excepciones prácticas que el usuario debe conocer. Si alguien hace una captura de pantalla, copia un mensaje o lo reenvía fuera del chat, el cifrado no puede borrar esa nueva copia. Si una persona denuncia una conversación, puede enviar a WhatsApp mensajes recientes y datos relacionados para que la empresa revise el caso. Y cuando se escribe a un negocio, sus empleados o proveedores pueden gestionar lo que recibe esa empresa según sus propias prácticas.

Un chat con Meta AI tampoco debe confundirse con una charla privada entre dos personas. Al dirigirse a una inteligencia artificial, el sistema necesita procesar la solicitud para responder. WhatsApp ofrece funciones especiales de procesamiento privado para algunos usos, pero la regla sencilla es esta: antes de compartir información sensible, hay que mirar con quién —persona, empresa o IA— se está hablando.

Cómo funciona WhatsApp en varios dispositivos

Antes, WhatsApp Web dependía mucho más del teléfono principal. La arquitectura multidispositivo actual permite que los equipos vinculados se conecten de forma independiente, incluso cuando el móvil no está en línea.

La solución no consiste en compartir una única identidad secreta entre todos los aparatos. Cada dispositivo vinculado obtiene sus propias claves de identidad. Los servidores mantienen una relación entre la cuenta y la lista de dispositivos, y la aplicación que envía prepara copias cifradas para los destinos autorizados. Meta llama a este modelo client fan-out, o distribución desde el cliente.

Si Ana tiene móvil y ordenador, y Luis tiene móvil, tableta y ordenador, el sistema debe entregar el nuevo mensaje a los dispositivos adecuados de los dos usuarios. Cada copia queda protegida para su destino. Así se puede usar WhatsApp desde el ordenador sin dejar una puerta común que exponga toda la cuenta.

El historial reciente y otros datos necesarios para sincronizar los equipos también se transfieren cifrados. Cuando se vincula un nuevo aparato, el principal prepara un paquete protegido con información reciente. Después, los cambios —por ejemplo, archivar un chat o marcar un mensaje— se sincronizan de manera cifrada.

Esto explica por qué revisar la lista de “Dispositivos vinculados” es importante. El cifrado funciona para los equipos autorizados, pero un ordenador ajeno que siga vinculado también es un extremo válido de la conversación.

Cómo funcionan los grupos sin colapsar el sistema

Enviar el mismo mensaje por separado a cada miembro de un grupo sería costoso, sobre todo en grupos grandes y con varios dispositivos por persona. WhatsApp usa una técnica del Protocolo Signal conocida como Sender Key.

En términos simples, cada participante comparte de forma segura la información necesaria para actuar como remitente dentro del grupo. Después puede cifrar un mensaje una vez y el servidor distribuye las copias. Los dispositivos autorizados tienen lo necesario para descifrarlo. Cuando cambia la composición del grupo, el sistema actualiza las claves que protegen las conversaciones posteriores.

Los servidores siguen siendo esenciales para saber quién pertenece al grupo y para llevar los paquetes hasta sus destinos. Sin embargo, gestionar el reparto no equivale a poder leer el contenido.

Qué ocurre con fotos, vídeos y notas de voz

Un vídeo pesa mucho más que una frase. Para evitar que los chats sean lentos, la aplicación puede comprimir o preparar el archivo antes de enviarlo, según el tipo de contenido y la calidad elegida.

El archivo también se cifra en el dispositivo. Los servidores ayudan a almacenarlo o repartirlo de forma temporal como datos cifrados, mientras que la información necesaria para recuperarlo y abrirlo viaja protegida dentro del mensaje. El receptor descarga el archivo y lo descifra en su equipo.

Este diseño reduce el consumo repetido de ancho de banda y permite que el destinatario descargue el contenido cuando tenga conexión. La política de WhatsApp señala además que cierto contenido reenviado puede permanecer temporalmente en forma cifrada para hacer más eficientes futuros reenvíos.

Una vez descargadas, las fotos o los vídeos pueden quedar en el móvil, en la galería, en una exportación o en una copia de seguridad. El cifrado durante el trayecto no controla todas esas copias posteriores.

Cómo funcionan las llamadas y videollamadas

Una llamada necesita dos procesos. Primero está la señalización: avisar al otro dispositivo, comprobar que acepta y acordar cómo establecer la comunicación. Los servidores de WhatsApp ayudan en esa fase.

Después empieza el transporte de audio y vídeo. La documentación técnica de Meta explica que los dispositivos generan y comparten de forma cifrada los secretos usados por SRTP, un protocolo para proteger medios en tiempo real. Los servidores que ayudan a conectar o retransmitir la llamada no reciben ese secreto y, por tanto, no deberían poder convertir el tráfico en sonido o imagen comprensible.

Siempre que las redes lo permiten, los dispositivos buscan una ruta eficiente. Si un router, un cortafuegos o la red móvil impiden una comunicación adecuada, puede intervenir un servidor de retransmisión. Esto puede afectar a la ruta o a la calidad, pero no elimina por sí mismo el cifrado de extremo a extremo.

Para que la llamada no se corte, la aplicación ajusta la calidad cuando cambia la conexión. Con menos ancho de banda, puede reducir resolución, tasa de bits o frecuencia de actualización antes de rendirse por completo.

Las copias de seguridad son un sistema aparte

Este es uno de los detalles más importantes. Que un chat esté cifrado durante el envío no significa automáticamente que cualquier copia guardada en la nube tenga exactamente la misma protección.

WhatsApp ofrece copias de seguridad cifradas de extremo a extremo como opción. Al activarlas, se crea una clave única. El usuario puede protegerla con una contraseña o gestionar una clave de 64 dígitos. En la opción con contraseña, una infraestructura basada en módulos de seguridad de hardware ayuda a custodiar la clave y limita los intentos de acceso.

Según Meta, ni WhatsApp ni el proveedor de la nube pueden acceder al contenido de una copia protegida de esta forma. Pero hay una responsabilidad clara: si el usuario pierde la contraseña o la clave y no dispone de un método de recuperación, la empresa no puede simplemente abrir la copia por él.

Por eso conviene entrar en Ajustes > Chats > Copia de seguridad y comprobar qué opción está activa, en lugar de suponer que todas las copias tienen la misma protección.

Cómo puede funcionar con miles de millones de personas

WhatsApp informó en 2025 que ya era utilizado por más de 3.000 millones de personas en más de 180 países. No existe un único ordenador gigante atendiendo a todo el mundo. El servicio se reparte entre centros de datos y muchos sistemas especializados.

Cuando una parte recibe demasiadas solicitudes, los balanceadores distribuyen el trabajo. Si una máquina falla, otras pueden continuar. Las aplicaciones mantienen conexiones eficientes, reintentan entregas cuando la red cambia y usan confirmaciones para evitar que un corte breve haga desaparecer un mensaje.

También se intenta enviar la menor cantidad de datos posible. Los textos son pequeños; los archivos grandes se tratan por separado; y el móvil conserva información local para no pedir todo el historial cada vez que se abre la aplicación. Estas ideas —repartir la carga, duplicar servicios críticos, reintentar y sincronizar— son comunes en los sistemas a gran escala.

Lo que no existe públicamente es un plano completo y actualizado del backend de WhatsApp. Algunas explicaciones de internet afirman que todo funciona hoy con XMPP, Ejabberd, Erlang o Mnesia. Esas tecnologías aparecen en la historia de WhatsApp y en análisis antiguos, pero no bastan para describir con certeza una plataforma que ha cambiado durante años dentro de Meta. Presentarlas como la arquitectura actual completa sería adivinar.

Cómo combate el spam si no lee los chats

El cifrado obliga a separar el contenido privado de otras señales. WhatsApp puede observar comportamientos de la cuenta y del servicio, como un número anormal de intentos de contacto, automatización, creación masiva de cuentas o denuncias de usuarios. Con esas señales puede aplicar límites y suspender cuentas sin necesitar leer todas las conversaciones personales.

Cuando un usuario pulsa “Reportar”, la situación cambia: la denuncia puede incluir mensajes recientes del contacto denunciado y datos de contexto. Esa información permite investigar el abuso. Es una decisión iniciada por una de las personas que sí tenía acceso al contenido.

Ninguna técnica elimina por completo las estafas. El candado protege el trayecto del mensaje, pero no demuestra que quien escribe sea honesto. Desconfiar de solicitudes urgentes de dinero, revisar cambios de número y no compartir códigos de registro sigue siendo esencial.

De dónde obtiene ingresos WhatsApp

Las conversaciones personales siguen siendo el centro del producto, pero WhatsApp también ofrece herramientas de pago para empresas. La Plataforma de WhatsApp Business permite a negocios atender clientes, enviar avisos autorizados y conectar la mensajería con sus sistemas.

Desde 2025, Meta también incorporó suscripciones de canales, canales promocionados y anuncios en Estados dentro la pestaña Novedades. La empresa afirma que esos anuncios no se colocan en los chats personales y que el contenido de los mensajes cifrados no se usa para elegirlos. Esta separación importa: un chat personal, un canal, un Estado y una conversación comercial no son exactamente el mismo producto ni tienen el mismo propósito.

Consejos para usar WhatsApp con más seguridad

La tecnología ayuda, pero la seguridad también depende de las decisiones del usuario:

  • Revisa con frecuencia Dispositivos vinculados y cierra cualquier sesión desconocida.

  • Activa la verificación en dos pasos y protege el acceso al teléfono.

  • Comprueba la configuración de privacidad de foto, última conexión, grupos y llamadas.

  • Decide si necesitas una copia de seguridad y, si la usas, activa su cifrado de extremo a extremo.

  • No compartas el código de registro que llega por SMS ni el PIN de verificación.

  • Mantén WhatsApp y el sistema operativo actualizados.

Preguntas frecuentes sobre cómo funciona WhatsApp

¿WhatsApp puede leer mis mensajes?

En los chats personales protegidos de extremo a extremo, WhatsApp afirma que no puede leer ni escuchar el contenido durante el envío. Sin embargo, un destinatario puede compartirlo, una denuncia puede incluir mensajes recientes y una empresa puede tratar lo que le escribes. Las conversaciones con servicios de IA también requieren reglas distintas a las de un chat entre personas.

¿WhatsApp guarda todos mis mensajes en sus servidores?

No como un archivo permanente de chats entregados. Según su política, los mensajes entregados se eliminan de los servidores. Los que siguen pendientes pueden conservarse cifrados hasta 30 días. El historial sí puede existir en tus dispositivos y en las copias de seguridad que hayas configurado.

¿WhatsApp funciona sin internet?

No puede enviar ni recibir en tiempo real sin una conexión. Puedes escribir mientras estás desconectado, pero el mensaje esperará en tu dispositivo hasta que vuelva el Wi-Fi o la red móvil.

¿Por qué a veces solo aparece un tic?

Porque el mensaje llegó al servicio de WhatsApp, pero todavía no pudo entregarse a un dispositivo del destinatario. Puede que ese equipo esté apagado, sin conexión o que exista otro problema temporal. Un solo tic, por sí mismo, no demuestra que alguien te haya bloqueado.

¿Los mensajes viajan directamente entre teléfonos?

Normalmente los servidores de WhatsApp intervienen para encaminar la comunicación. En las llamadas, la ruta puede ser más directa o necesitar retransmisión según las redes. “Cifrado de extremo a extremo” describe quién puede descifrar el contenido, no obliga a que el paquete evite todos los servidores.

¿Con qué lenguaje de programación está hecho WhatsApp?

La aplicación y la infraestructura reúnen muchas piezas y han evolucionado durante más de una década. Hay referencias históricas a Erlang y otras tecnologías, pero Meta no publica una lista completa y actual de todo su backend. Cualquier respuesta que reduzca WhatsApp a un solo lenguaje es demasiado simple.

La idea clave: transportar no es lo mismo que leer

El secreto de WhatsApp no consiste en eliminar los servidores. Consiste en darles solo lo necesario para localizar dispositivos, repartir paquetes y confirmar entregas, mientras el contenido sale cifrado del emisor y se abre en los equipos autorizados.

Así se resuelve la pregunta del principio. El servidor puede llevar la caja porque conoce su destino, pero no necesita tener la llave. Alrededor de esa idea trabajan la sincronización multidispositivo, las claves de grupo, el almacenamiento temporal, las llamadas protegidas y las copias de seguridad opcionales.

Entender esta diferencia también permite usar la aplicación con más criterio. El cifrado protege mucho, pero no impide capturas, engaños, dispositivos vinculados olvidados ni copias mal configuradas. La seguridad real aparece cuando una buena arquitectura se combina con buenos hábitos.